La facialista Esther Moreno invita a mirar las manchas más allá de su apariencia. No se trata solo de conseguir que dejen de verse, sino de entender qué nos está diciendo la piel para no convertir la rutina cosmética en un ejercicio constante de reparación.
El otoño llega con el mismo ritual. Frente al espejo aparecen nuevas manchas, otras que se han vuelto más visibles y comienza la búsqueda de una «solución» a través de un sérum despigmentante o un tratamiento en cabina.
Pero ¿y si el problema no fuera únicamente la mancha?
Para Esther Moreno, facialista y directora de Esther Moreno Studio, el debate debería ir un paso más allá.
«Las manchas son una señal de que algo en nuestra piel no está yendo bien», explica.
La mancha no es el problema, es la señal
Estamos acostumbrados a mirar una mancha como una imperfección: algo que queremos suavizar, aclarar o eliminar. Sin embargo, antes de preguntarnos cómo hacer que deje de verse, quizá deberíamos preguntarnos por qué ha aparecido y qué factores pueden estar favoreciendo su aparición.
«La piel nos está hablando y nos está diciendo que algo no está bien», señala la facialista.
«Esto no significa que una mancha no deba tratarse. Al contrario, está bien que la tratemos, que la hagamos menos visible y que mejoremos su apariencia, pero no debemos limitarnos solo a eso. Tenemos que entender que conseguir que deje de verse no significa necesariamente que hayamos eliminado aquello que ha provocado esa alteración en la piel», añade la experta.
Y ahí está, para Moreno, el verdadero cambio de mirada: el tratamiento de la mancha no debería ser el punto final, sino una parte del cuidado de la piel.
Si cada año volvemos a encontrarnos con la misma alteración, o con una nueva, quizá haya llegado el momento de preguntarnos qué está ocurriendo antes, durante y después del verano y qué podemos hacer, tanto en los meses de mayor exposición solar como durante el resto del año, para reducir los factores que pueden favorecer su aparición.
¿Qué vale más: estar bronceado o cuidar la salud de la piel?
Otro punto importante es nuestra relación con el bronceado. Tal y como indica la facialista:
«Queremos una piel luminosa, uniforme, sin manchas y con aspecto saludable; admiramos incluso la estética de las pieles de porcelana y, sin embargo, seguimos asociando el bronceado con vernos mejor y con tener “buen color” en verano».
La exposición solar es uno de los factores que puede favorecer diferentes alteraciones de la pigmentación, aunque no todas las manchas tienen el mismo origen y algunas pueden responder a otros factores o a patologías que deben ser valorados por un profesional cualificado.
Precisamente por eso, Moreno considera importante no banalizar su aparición ni asumir que cualquier mancha es simplemente una cuestión estética.
La cuestión, por tanto, no es demonizar el sol ni convertir cualquier mancha en un problema, sino tomar conciencia de que determinadas decisiones que repetimos cada verano pueden tener consecuencias visibles sobre nuestra piel.
Cuidar la piel no consiste en un ingrediente, sino en entenderla
Si la prevención y el cuidado continuado son importantes, también lo es entender que una rutina llena de activos no equivale automáticamente a una rutina adecuada.
Vitamina C, ácido tranexámico, niacinamida, ácido azelaico, retinoides, exfoliantes… La lista de ingredientes que hoy asociamos al tratamiento de las manchas es cada vez más larga.
«Creemos que, como nuestra rutina tiene vitamina C, ácido tranexámico, niacinamida, ácido azelaico o retinoides, ya tenemos todo lo necesario para tratar nuestra mancha. Y no es así. Una cosa es el nombre del ingrediente y otra, la calidad, la concentración, la vehiculización y la estabilización del ingrediente», advierte Moreno.
La facialista pone especialmente el foco en la formulación. No todas las vitaminas C son iguales, ni todas las niacinamidas o todos los retinoides se comportan de la misma manera.
En el caso de la vitamina C, por ejemplo, no es lo mismo utilizar una forma pura que un derivado, y aspectos como la concentración, el pH, la estabilidad o la calidad de la materia prima pueden marcar diferencias en la fórmula final.
«No vale con que tu rutina tenga ese ingrediente. Tiene que ser el ingrediente y el producto con el ingrediente óptimo que tú necesitas, y es diferente en cada piel», explica.
Por eso, dos cosméticos que compartan un mismo activo pueden ofrecer experiencias y resultados diferentes.
«Ni de lejos el hecho de que tú creas que te estás poniendo vitamina C y retinol significa que ya lo tienes todo hecho. Importa mucho cómo está hecho ese producto y, sobre todo, qué necesita realmente tu piel», señala Moreno.
Su propuesta pasa así por alejarse tanto de la obsesión por hacer desaparecer la mancha como de la idea de construir rutinas a partir de una simple lista de ingredientes.
Cuidar la piel implica entenderla, conocer qué puede estar detrás de una alteración y elegir las herramientas adecuadas para acompañarla a largo plazo.
Es precisamente desde esta mirada desde la que Esther Moreno plantea su forma de trabajar en su atelier: entender la piel antes de decidir qué hacer con ella.
Observar sus necesidades, su estado y cómo responde; entender qué puede estar alterándola y trabajar desde ahí, en lugar de aplicar el mismo tratamiento o la misma combinación de activos a todas las pieles.
Para la facialista, cuidar no consiste únicamente en corregir aquello que vemos, sino en establecer un diálogo continuado con la piel para ayudarla a mantenerse sana y fuerte a lo largo del tiempo.
«Para mí, entender cada piel es fundamental. La piel te va dando información constantemente: cómo está, cómo responde, qué necesita y qué no necesita. Mi trabajo es saber interpretarla, acompañarla y, en definitiva, también ayudar a la persona a entender qué está ocurriendo en su piel y por qué estamos tomando determinadas decisiones», explica Moreno.

Esther Moreno