El peinado mariposa, también conocido como butterfly cut, ha dominado las búsquedas y las conversaciones en salones de todo el mundo en los últimos años. Popularizado por celebridades como Selena Gomez, Hailee Steinfeld, Ciara o incluso rememorado en estilos clásicos como el de Farrah Fawcett, este corte promete volumen, capas que enmarcan el rostro y un movimiento que “aletearía” en cada paso.

https://www.instagram.com/p/DP30U9DFT8C/
Sin embargo, lo que en redes sociales se vende como “fácil y sin esfuerzo” no siempre se corresponde con la realidad en la peluquería profesional. Aunque revistas y plataformas de moda aseguran que se trata de un estilo “versátil” y de “bajo mantenimiento” que favorece a muchos tipos de rostro, existen voces tanto de estilistas como de clientes que ponen en duda esa narrativa.
Desde el punto de vista técnico, un verdadero butterfly cut exige precisión en el posicionamiento de las capas, balance de texturas y una cuidadosa diferenciación entre capas frontales y posteriores para conseguir ese efecto que “vuela”. Si se exagera la capa o se corta sin control de densidad, el resultado puede ser un acabado “discontinuo” o “choppy” que requiere más tiempo de estilizado diario del que muchos clientes están dispuestos a invertir.
Este contraste entre promesa y realidad se refleja también en experiencias compartidas en foros y redes sociales: hay clientes que confiesan que, tras hacerse el corte, han necesitado dedicar más de 10 minutos de peinado cada mañana con secador y cepillo para que el estilo “funcione”. Otros incluso han sentido la necesidad de corregir la forma con cortes adicionales porque el butterfly terminó pareciendo un “mullet involuntario”.
Además, aunque algunas estrellas como Selena Gomez han mostrado versiones glamourosas de este corte —con capas suaves que caen en ondas naturales— esto a menudo requiere estilismo profesional continuo, extensiones o calor para mantener ese movimiento impecable frente a cámaras.
Para peluqueros y estilistas en España, este debate plantea una oportunidad: no se trata solo de ofrecer el corte que está en tendencia, sino de educar a la clienta sobre lo que realmente supone en términos de mantenimiento y estilo de vida. Un peinado que pide productos específicos, técnicas de blow‑dry precisas o retoques frecuentes puede no ser ideal para alguien con poco tiempo, a pesar de su look deseado.

Finalmente, el peinado mariposa es una tendencia poderosa, pero también un reto técnico que divide opiniones entre profesionales y usuarios. La clave para los salones está en asesorar bien, personalizar según tipo de cabello y expectativas, y gestionar la moda sin sacrificar la satisfacción real de la clienta.