Leer el rostro más allá de la edad con la psicomorfología facial

Leer el rostro más allá de la edad con la psicomorfología facial

Actualizado el 16 feb. 2026 por Anna León Mir

Por Laura Folgarolas 

En psicomorfología facial, la edad cronológica es solo un punto de partida. Dos rostros con la misma edad pueden transmitir mensajes muy distintos. Y no porque uno “envejezca peor”, sino porque el rostro expresa cómo la persona se sostiene -o deja de sostenerse- a lo largo del tiempo.

Gracias a la psicomorfología facial, podremos comprobar cómo una persona, con la misma edad, puede presentar una piel diferente en función de su vida, carácter y experiencia personal. 

Leer la flacidez facial

Las imágenes que acompañan este artículo muestran a una misma mujer de 45 años. No hay diferencias ni de edad ni de identidad. Lo que cambia es el grado de flacidez en el tercio medio del rostro. Esta comparación es especialmente reveladora porque nos permite entender que la flacidez no es solo un fenómeno estético, sino también funcional.

Imágenes realizadas con IA y cedidas por Laura Folgarolas.

  • En la primera imagen, el rostro conserva su estructura. El pómulo sigue cumpliendo su función de soporte y la mejilla mantiene dirección. La piel acompaña al tejido y la mirada está presente. No hablamos de juventud en términos estéticos, sino de la capacidad de respuesta del rostro.
  • En la segunda imagen, el volumen no ha desaparecido, pero ha descendido. El pómulo pierde parte de su función estructural y la mejilla comienza a caer. La dirección del rostro se vuelve más descendente y la expresión transmite mayor cansancio. Es razonable pensar que detrás de este cambio pueda haber fatiga física y/o emocional, una vida más sedentaria o incluso cierto sobrepeso. No como juicio, sino como lectura funcional del rostro.

Desde la psicomorfología, este tipo de flacidez suele estar asociado a una menor activación general: menos movimiento, tono muscular y estímulo. En términos simbólicos, el rostro muestra menos lucha e impulso por sostener. Y esto es importante: ni es definitivo ni irreversible.

Cuando este tipo de flacidez se aborda de forma correcta, el rostro se puede recuperar de manera notable. Para ello, es necesario seguir ciertas pautas: 

  • Reconducir hábitos. 
  • Activar el tejido.
  • Llevar una vida más activa.
  • Trabajar la estructura facial. 

En muchos casos, no solo mejora la firmeza, sino que el rostro parece más joven. 

El papel de la esteticista

Aquí es donde la mirada profesional en estética marca la diferencia. No se trata de tensar una mejilla, sino de devolver función al tejido, reactivar la estructura y acompañar al rostro a través de la vida y hábitos de la persona. El objetivo es que se vuelva a sostener por sí mismo. La piel reacciona cuando el cuerpo y las emociones responden.

La flacidez que observamos en la segunda imagen no es extrema, pero sí suficiente para entender el proceso. Es el momento en el que aún se puede intervenir con criterio. 

Leer la flacidez desde la psicomorfología nos permite trabajar con el rostro, no contra él. Y entender que, muchas veces, mejorar la piel implica ayudar a la persona a recuperar tono, dirección y presencia, no solo en su piel, sino también en su vida.

Si quieres aprender a leer el rostro más allá de la piel, debes entender qué expresa la flacidez y otros elementos de la cara. Solo así puedes intervenir de manera consciente y efectiva. Sin duda, es el momento de cambiar de perspectiva. 

La psicomorfología facial te permite conocer a tu cliente, mucho antes de que empiece a hablar. Cuando entiendes lo que el rostro cuenta, el tratamiento deja de ser estándar. Por lo tanto, puede llegar a transformar la vida de tus clientes.

 

 

Anna León Mir

Anna León Mir

Publicado 16º feb. 2026

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