La depilación láser se ha consolidado como uno de los tratamientos más demandados por su comodidad y resultados. Pero si hablamos de vello facial femenino, la respuesta no es tan sencilla. Abigail Arduan, especialista en estética facial avanzada, aclara nuestras dudas.
Durante la última década, la depilación láser se ha convertido en un estándar dentro de la estética profesional. Gracias a su rapidez, menor dolor y la promesa de una reducción progresiva del vello ha ganado una gran popularidad. Sin embargo, no todas las zonas del cuerpo responden de la misma manera a este procedimiento. “Lo que funciona en piernas o axilas puede ser ineficaz e incluso contraproducente en el rostro. La clave está en entender la biología del vello, respetar la fisiología facial y saber en qué ocasión la tecnología no es la mejor opción”, declara Abigail Arduan, especialista en estética facial avanzada y directora de los centros Arduan.
Mentón, mandíbula y cuello: territorios hormono dependientes
El error más habitual es pensar que el láser funciona igual en todo el cuerpo. El rostro femenino, y en particular el mentón, es una región con un comportamiento completamente distinto, en opinión de Arduan. Ello se debe a que el mentón, la línea mandibular y el cuello anterior forman parte de las denominadas zonas hormono dependientes. Esto significa que los folículos pilosos de estas áreas presentan una alta densidad de receptores androgénicos y una gran capacidad de respuesta a estímulos hormonales, incluso en mujeres sin alteraciones endocrinas diagnosticadas.
“Son folículos muy reactivos. Basta un estímulo térmico inadecuado para que un vello fino y casi imperceptible se transforme en vello terminal, más grueso y oscuro”, advierte Arduan. Cuando la energía del láser no es suficiente para destruir completamente el folículo, puede actuar como un estímulo biológico. Es decir, podría activar unidades pilosas que antes estaban latentes. El resultado es justamente el contrario al deseado.

Resultado: hipertricosis paradójica
A la sensibilidad hormonal se suma un factor anatómico determinante: el mentón presenta una densidad folicular por centímetro cuadrado superior a la de muchas zonas corporales como piernas, axilas o ingles. Esto incrementa el riesgo de que parte de los folículos reciban dosis subletales de energía. En estos casos, puede aparecer hipertricosis paradójica, un fenómeno caracterizado por la aparición de nuevo vello más abundante, grueso y extendido, incluso en áreas adyacentes a la zona tratada.
“No es un efecto raro ni anecdótico”, advierte Arduan. “Es una de las principales causas de insatisfacción en mujeres jóvenes que acudieron al láser para resolver un problema leve y acabaron cronificándolo”.
Saber cuándo no tratar es excelencia estética
Uno de los fallos más frecuentes en la práctica estética es aplicar al vello facial los mismos protocolos que se utilizan para el cuerpo. “Lo que es seguro y eficaz en una pierna se puede convertir en un factor de riesgo en el rostro. La estética avanzada no consiste en aplicar tecnología, sino en saber interpretar el tejido y su evolución en el tiempo”, afirma Arduan.

Las consecuencias de un abordaje inadecuado no son solo estéticas. “Muchas mujeres llegan a consulta con una gran carga emocional. Lo que empezó como unos pocos vellos terminó afectando a su autoestima y a la confianza en los tratamientos y los profesionales” declara.
Para la experta, el consenso es claro: el vello facial femenino requiere una evaluación minuciosa y, en la mayoría de los casos, métodos selectivos como la depilación eléctrica (electrólisis o termólisis). La depilación eléctrica sigue siendo el método de elección por su capacidad de actuar folículo a folículo. “El láser no está prohibido, pero se debe reservar a casos muy bien indicados, con información clara y honesta sobre los riesgos. De cara a crecimientos persistentes, siempre es prudente valorar una posible base hormonal antes de intervenir”, puntualiza la especialista. “La verdadera excelencia profesional -añade- no consiste solo en dominar la tecnología, sino en saber cuándo no utilizarla y priorizar siempre la seguridad, la fisiología cutánea y el bienestar real”.