Rosácea y sensibilidad, espejos de lo que pasa dentro del cuerpo

Rosácea y sensibilidad, espejos de lo que pasa dentro del cuerpo

Actualizado el 17 feb. 2026 por Anna León Mir

Alteraciones cutáneas como la rosácea y la piel sensible son señales de desequilibrios profundos en el sistema nervioso, inmune y vascular. Así lo asegura Yvette Pons, especialista en bioestética funcional y enfoque integrador, que insiste: “Tratar estas alteraciones en la superficie no basta. La piel no es solo un lienzo estético, sino un reflejo funcional de nuestro organismo”.

Problemas como la rosácea o la piel sensible se suelen abordar de manera superficial. Es decir, se busca calmar la apariencia sin mirar qué los provoca en realidad. En esta entrevista, Yvette Pons explica cómo estas alteraciones son, en realidad, la expresión visible de desequilibrios en sistemas interconectados como el nervioso, el inmunológico y el vascular. Cuando entendemos la piel a partir de un enfoque funcional y estructural, cambia radicalmente la manera de tratarla. 

Durante años, la rosácea y la piel sensible se han tratado como alteraciones exclusivamente cutáneas. ¿Por qué este enfoque se queda corto? 

La piel no funciona de manera aislada. Es un órgano neuroactivo, inmunológicamente competente y vascularmente dinámico. Cuando vemos enrojecimiento, irritación o sensibilidad, estamos observando la manifestación visible de un desequilibrio que ocurre en otros niveles. Atender solo el síntoma suele generar mejoras temporales, pero no resuelve la causa. 

¿Qué es exactamente la inflamación crónica de bajo grado en la piel? 

Es un estado inflamatorio que modifica la barrera cutánea, hace hiperreactivas las terminaciones nerviosas y reduce la tolerancia de la piel frente a estímulos cotidianos. Por eso, muchas personas sienten que su piel “reacciona a todo”. No es que la piel falle, es que funciona en un contexto inflamatorio sostenido.

¿En qué se diferencia la rosácea de otras alteraciones cutáneas? 

La rosácea combina hiperreactividad inmunitaria y un componente neurovascular marcado. Se observa flushing (episodios de enrojecimiento brusco), disestesias (ardor, escozor, quemazón u hormigueo) y vasodilatación exagerada. La piel vive en un estado de alerta constante, amplificado por el sistema nervioso y la microcirculación. Si no se interviene en el contexto que lo genera, la inflamación persiste. 

¿Por qué la piel del rostro suele ser de las primeras que expresan el desequilibrio del organismo? 

Porque el rostro es una zona especialmente sensible desde el punto de vista nervioso y vascular. Tiene una microcirculación muy activa y una gran densidad de terminaciones nerviosas. Por eso, responde con rapidez a cambios internos como el estrés, la inflamación o las alteraciones circulatorias. Por lo tanto, cuando el organismo pierde equilibrio, la piel del rostro suele ser uno de los primeros tejidos en mostrarlo.

¿Qué relación tienen la postura y la tensión muscular con la piel del rostro? 

La rigidez fascial y la biomecánica craneocervical influyen en la circulación, el drenaje y la oxigenación del rostro. La tensión sostenida genera congestión funcional y microentornos inflamatorios. Además, el sistema nervioso regula estas tensiones: un tono simpático elevado por estrés amplifica la reactividad de la piel. 

Básicamente, ¿cuáles son los errores más comunes que se cometen al tratar la rosácea desde la estética? 

Lo primero es recordar que la rosácea es una condición médica. Muchas personas llegan a la esteticista tras un recorrido largo en el que no se han sentido escuchadas o no han conseguido mejoras reales. El error aparece cuando se intenta “resolver” la rosácea solo desde la piel, sin tener en cuenta el contexto inflamatorio y funcional que la sostiene. Factores como la alimentación, el estilo de vida, la gestión del estrés, la exposición solar, los alimentos picantes, el tabaco o el alcohol pueden amplificar la reactividad de la piel.

Yvette Pons. 

Otro error frecuente es intervenir en exceso, mediante la aplicación de demasiadas técnicas o estímulos con la intención de ayudar. En realidad, la piel únicamente necesita regulación, coherencia y respeto. En estos casos, acompañar bien a la piel, desde los cuidados, los hábitos y el trabajo profesional, suele ser más eficaz que intentar corregirla.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre reducir el síntoma y tratar la causa? 

El síntoma inflamatorio es una señal de alarma. Silenciarlo alivia, pero no cambia el contexto que lo genera. Intervenir sobre el sistema implica restaurar la autorregulación: reducir la inflamación basal, mejorar la circulación, disminuir la hiperreactividad nerviosa y liberar tensiones en el tejido.

¿Qué aporta este enfoque a la esteticista profesional?

Permite leer la piel como un sistema, no solo aplicar protocolos. La esteticista puede regular el tejido mediante técnicas manuales conscientes, favorecer drenaje y oxigenación y, finalmente, acompañar la piel sin sobreestimularla. 

¿Y qué puede esperar el consumidor final?

Comprensión, menor reactividad, más confort y estabilidad. En lugar de promesas milagrosas, puede esperar un  acompañamiento que permite recuperar la capacidad de autorregulación de la propia piel.

Ponente en PBSI 2026

Yvette Pons participará en PBSI 2026 con una ponencia sobre cómo diagnosticar el envejecimiento a través de la postura en el pódium de estética y tratamientos avanzados. ¡Seguid nuestros canales (web y redes sociales) para no perderos nada!

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Anna León Mir

Anna León Mir

Publicado 17º feb. 2026

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