La medicina estética experimenta un cambio de paradigma: ya no se trata de transformar el rostro, sino de mejorar la calidad de la piel de forma progresiva, natural y sostenible. La Dra. Esther Ristori y el Dr. Antonio J. Fustes, de Clínicas Dorsia desvelan cómo lograrlo.
La tendencia estética principal de este año es una piel que transmite salud, equilibrio y prevención. Es más, la piel del futuro ya no se mide solo por su aspecto, sino también por su comportamiento. Así lo aseguran la Dra. Esther Ristori y el Dr. Antonio J. Fustes, médicos estéticos de Clínicas Dorsia, a partir de lo que han comprobado en los últimos eventos de dermatología y medicina estética a escala global. El nuevo paradigma beauty gira alrededor de una piel equilibrada.
¿Qué significa piel de calidad?
Según los expertos, una piel equilibrada y sana es aquella que mantiene una buena densidad y elasticidad, con una estructura firme que sostiene el rostro de forma natural. También suele tener una vascularización estable que aporta oxígeno sin provocar rojeces.
Estas pieles en buenas condiciones también poseen una inflamación basal baja, clave para frenar procesos de inflamación crónica y de bajo grado con el paso del tiempo (inflammaging) y una barrera cutánea fuerte, capaz de proteger, hidratar y mantener la estabilidad frente a las agresiones externas. Todo ello se traduce en una textura fina, una luminosidad uniforme y un aspecto saludable sin artificios.
Por su parte, los pacientes también empiezan a cambiar de mentalidad. Cada vez buscan menos “borrar” signos concretos y prefieren mejorar la piel en su conjunto, con resultados progresivos, naturales y duraderos en el tiempo.

Tratamientos recomendados
Los expertos coinciden en que no existe una única técnica milagro para trabajar la calidad de la piel, sino protocolos personalizados que actúan en distintas capas cutáneas. Por ejemplo, la bioestimulación de colágeno es uno de los pilares para reforzar el soporte de la piel desde el interior, mientras que tecnologías como el láser vascular y el IPL ayudan a mejorar rojeces, manchas y rosácea. El láser y la radiofrecuencia fraccionados proporcionan textura, densidad y firmeza. Los peelings médicos siguen siendo aliados clave para uniformar el tono y revitalizar la piel.
La tendencia más clara consiste en combinar tratamientos y así potenciar resultados:
- Bioestimulación junto a tecnologías de energía para mejorar densidad y luminosidad.
- IPL y láser vascular para estabilizar pieles sensibles.
- Radiofrecuencia microneedling con polinucleótidos para una reparación profunda.
- Láser fraccionado combinado con retinoides para tratar poros, líneas finas y daño solar.
Un paciente más consciente, preventivo y exigente
El perfil del paciente también evoluciona a la par que el sector. Existe un rechazo creciente al exceso de tratamiento y una preferencia clara hacia los resultados imperceptibles y respetuosos con la expresión facial. Actualmente, requisitos como la seguridad, la formación médica y la calidad de los productos son prioridades absolutas. Además, surgen nuevas preocupaciones como los cambios faciales asociados a la pérdida de peso, el impacto de la menopausia en la piel o la necesidad de abordar el envejecimiento de forma global, más allá de las arrugas.
“Nos hallamos ante una generación claramente preventiva: empieza antes, integra el skincare como parte del tratamiento y apuesta por planes a medio y largo plazo. El objetivo hoy es mantener, en lugar de transformar”, especifica el Dr. Fustes.
En este contexto, las redes sociales pueden inspirar, pero también generar desinformación. La educación del paciente y el asesoramiento médico personalizado serán claves en la medicina estética del futuro. “El consejo presencial de un profesional bien formado es fundamental para evitar tratamientos de moda cuya seguridad o eficacia no siempre están garantizadas”, concluyen ambos expertos.