La peluquería profesional vive un momento de cambio profundo. Más allá de la técnica y la creatividad, cada vez más salones se enfrentan a retos relacionados con la rentabilidad, la gestión del tiempo, la toma de decisiones y la mentalidad empresarial. En este contexto, el talento por sí solo ya no garantiza crecimiento ni estabilidad.
Desde TOCADO, hablamos con Laura Mendoza, mentora especializada en negocio y mentalidad para peluqueros y propietarias de salón, que trabaja con profesionales de distintos países acompañándolos a ordenar su empresa, entender sus números y construir proyectos sostenibles sin renunciar a la profesión.
En esta entrevista abordamos los bloqueos más habituales del sector, la importancia de pensarse como empresario y las claves para salir del autoempleo y avanzar con claridad.
TOCADO:
Laura, trabajas con peluqueros y propietarios de salones de distintos países. ¿Cuál dirías que es hoy el principal bloqueo que impide a muchos profesionales hacer crecer su negocio?
Laura Mendoza:
El principal bloqueo no es la técnica, es la mentalidad.
Muchos profesionales siguen viendo su salón como un lugar donde “trabajan mucho” y no como una empresa que debe funcionar incluso cuando ellos no están.
Hay mucho talento, muchísimas horas y un nivel técnico altísimo, pero falta conciencia empresarial. No conocen sus números, no miden su rentabilidad, no saben cuánto les cuesta realmente cada servicio ni cuánto deberían ganar. Y cuando no dominas tus números, trabajas a ciegas.
A eso se le suma otro bloqueo importante: el miedo a cambiar.
Miedo a subir precios, a poner límites, a delegar, a dejar de hacerlo todo ellos mismos. Siguen atrapados en el autoempleo, creyendo que trabajar más horas es la solución, cuando en realidad el crecimiento llega trabajando mejor, no más.
TOCADO:
Durante años se ha puesto el foco casi exclusivamente en la técnica. ¿En qué momento crees que el peluquero necesita empezar a pensarse como empresario?
Laura Mendoza:
El peluquero necesita pensarse como empresario desde el momento en el que empieza a cobrar por su trabajo.
La técnica es fundamental, pero sin gestión el talento termina agotando. Muchos profesionales facturan bien, trabajan sin parar y aun así no ven reflejado ese esfuerzo en su calidad de vida.
El cambio llega cuando entienden que su salón no es solo un lugar donde trabajar, sino una empresa que debe ser rentable y sostenible. Pensarse como empresario no es dejar la profesión, es poner estructura, orden y valor a su talento para que el negocio trabaje a su favor y no al revés.
TOCADO:
Hablas mucho de estructura y claridad. ¿Qué aspectos del negocio suelen estar más desordenados en los salones y generan mayor desgaste?
Laura Mendoza:
Los mayores desgastes en los salones no vienen del trabajo en sí, sino del desorden interno.
Hay cuatro áreas que casi siempre están desestructuradas y son las que más energía roban.
La primera son los números. Muchos salones no saben exactamente cuánto ganan, cuánto les cuesta cada servicio o qué margen real tienen. Trabajan mucho, facturan, pero sin control ni dirección, y eso genera una inseguridad constante.
La segunda es la gestión del tiempo. Jornadas interminables, agendas mal organizadas y poca planificación. Se confunde estar ocupado con ser productivo, y eso acaba quemando al equipo y al propio propietario.
La tercera es el equipo. Falta de roles claros, de liderazgo y de comunicación. Cuando no hay estructura, el propietario acaba haciendo de todo y el equipo no sabe exactamente qué se espera de él.
Y por último, los precios y los procesos. Servicios mal calculados, protocolos poco definidos y decisiones tomadas por intuición más que por datos. Todo esto genera caos, estrés y sensación de no avanzar.
Cuando pones estructura en estas áreas, el negocio se ordena, el desgaste baja y vuelve algo fundamental: la tranquilidad.
TOCADO:
Muchos profesionales sienten que trabajan mucho, pero avanzan poco. Desde tu experiencia, ¿qué cambios de mentalidad son imprescindibles para salir de ese bucle?
Laura Mendoza:
El cambio empieza cuando el profesional entiende que trabajar más horas no significa avanzar más.
Salir de ese bucle implica dejar de verse como autoempleado, poner límites claros y empezar a tomar decisiones con estrategia y datos, no solo con esfuerzo.
Cuando el peluquero aprende a trabajar mejor, con foco, estructura y control de sus números, recupera el rumbo, la ilusión y el crecimiento real.
TOCADO:
El miedo a subir precios, a delegar o a tomar decisiones estratégicas sigue muy presente en peluquería. ¿Cómo se empieza a romper con esos límites?
Laura Mendoza:
Ese miedo se rompe con información y consciencia, no con valentía improvisada.
La mayoría de los profesionales no tienen miedo a subir precios o a delegar, tienen miedo a equivocarse porque no tienen datos ni estructura detrás.
Cuando entiendes tus números, sabes cuánto vales, cuánto cuesta tu negocio y qué decisiones son necesarias, el miedo baja y aparece la seguridad. Delegar deja de ser una pérdida de control y se convierte en una herramienta de crecimiento. Subir precios deja de ser un riesgo y pasa a ser una consecuencia lógica.
Romper esos límites es dejar de decidir desde la emoción o el agotamiento y empezar a hacerlo desde la claridad.
Y cuando hay claridad, las decisiones pesan menos y el negocio empieza a avanzar de verdad.
La conversación con Laura Mendoza pone palabras a una realidad que muchos profesionales de la peluquería viven en silencio: el agotamiento no viene de la técnica, sino de la falta de estructura y visión empresarial. Entender el negocio, tomar decisiones con datos y cambiar la mentalidad del autoempleo al liderazgo consciente se convierte en una necesidad para quienes quieren sostener su salón en el tiempo.
Desde TOCADO, seguimos dando voz a perfiles que ayudan a la peluquería profesional a evolucionar desde dentro, con claridad, criterio y una mirada estratégica hacia el futuro.