Qué ganas de hablar con esas personas que han cimentado nuestro sector, que nos han inspirado y que han contribuido a establecer sus bases desde el esfuerzo, la constancia y el trabajo bien hecho.
Hoy hablamos con la Sra. Ana Ribes, vicepresidenta de VMV Cosmetic Group y presidenta de su Fundación. Nos encontramos en su nueva Casa Arkhé, en Barcelona, para esta entrevista exclusiva. Un entorno íntimo y muy especial que acompaña perfectamente la conversación. Este espacio es el buque insignia de su nueva marca Arkhé Cosmetics, un lugar donde se une inspiración, talento, educación y experiencia en los cinco sentidos.
Ella, como es habitual, se muestra humilde y discreta, restándose importancia pese a haber sido —y seguir siendo— una figura clave dentro del grupo. Desde nuestra perspectiva, ha sido y continúa siendo una auténtica columna vertebral de VMV Cosmetic Group, una fuerza constante impulsada por el trabajo, la dedicación y la pasión por el sector.
Hoy nos abre las puertas a su historia, a sus inicios y a ese camino construido desde el esfuerzo, la perseverancia y el compromiso con las personas.
¿Cómo empezó su camino en el mundo de la belleza y qué la llevó a Salerm?
Desde muy niña ya me gustaba tocar el cabello. Cogía las tijeras a escondidas y les cortaba el pelo a las muñecas. Lo mío con la peluquería fue siempre vocacional. Con el tiempo entendí que, si quería ser peluquera, necesitaba una titulación, así que me recomendaron estudiar en Salerm, en la calle Muntaner 8 en Barcelona.
Allí hice el curso de peluquería… y allí también conocí a mi marido. Al cabo de un año ya estaba dando clases. Fue todo muy rápido, muy natural. Apenas terminé la formación, ya estaba dentro de ese mundo profesional. Siempre lo he vivido como algo vocacional.
¿Qué personas, experiencias o valores fueron fundamentales para el desarrollo del proyecto?
Los equipos humanos siempre han sido una prioridad absoluta para nosotros. Estoy convencida de que el éxito de cualquier proyecto está detrás de las personas que lo hacen posible. El cuidado, el mimo y la confianza en los profesionales han sido siempre fundamentales.
También ha sido clave la confianza de quienes creyeron en nosotros cuando aún éramos unos desconocidos. Esa apuesta inicial fue muy importante.
Y no puedo olvidar la dimensión internacional. La marca está muy asentada en países como México. Con el tiempo, la gente ha empezado a buscar directamente la marca. Salerm venía de una empresa anterior que quebró, y reconstruir todo aquello no fue fácil… costó muchísimo esfuerzo.
En los inicios, ¿qué obstáculos encontraron?
No teníamos los recursos con los que contamos hoy en día. Todo fue aprendizaje constante, ir paso a paso, caer y volver a levantarnos.
Fue una etapa muy dura, pero también muy formativa. Cada error nos enseñaba algo y nos obligaba a seguir adelante con más fuerza.
¿Se siente ahora una figura influyente para las mujeres empresarias?
No, la verdad es que no me siento una figura especialmente importante. Siempre me ha gustado estar en un segundo plano. Para mí, lo importante era mi marido; yo siempre he estado a su lado, apoyándole.
Nunca he buscado visibilidad ni creo haber marcado a nadie de forma consciente. He trabajado mucho desde la sombra, organizando, apoyando, coordinando galas… pero sin sentirme protagonista.
¿Qué formación o conocimientos fueron los que más le influyeron en su carrera?
Hubo un momento en el que tuve que dejar un poco de lado la peluquería para ayudar a mi marido en la fábrica. Entonces me vi obligada a formarme en gestión empresarial: contabilidad, interpretación de balances… Fueron muchas horas y muchos días de esfuerzo.
Fue un cambio importante: de la peluquería a la empresa. Un aprendizaje constante que me obligó a crecer en otra dirección.
Desde su experiencia, ¿cuál fue la clave para que la empresa despegara?
El verdadero despegue llegó cuando decidimos acercarnos al profesional de la peluquería. Tanto mi marido como yo venimos de ese mundo, así que entendíamos perfectamente sus necesidades.
En aquel momento el modelo de mayoristas era muy competitivo y acababa convirtiéndose en una guerra de precios. Nosotros decidimos hacer algo diferente: crear delegaciones propias, montar un equipo comercial, administrativo y de reparto, y estar presentes directamente en los salones.
Ese contacto directo fue clave. Primero llegamos a Madrid, Valencia, Bilbao y Burgos, y a partir de ahí la expansión fue creciendo hasta alcanzar muchos más puntos e incluso dar el salto internacional.,
Dentro de un sector tan competitivo, ¿qué ofrecen que les diferencie del resto de marcas?
Es un sector muy competitivo, con muchas marcas que aparecen y desaparecen constantemente. Lo que realmente nos diferencia es ofrecer un buen producto a precios asequibles. Pero, sobre todo, destacaría nuestra capacidad de escuchar al profesional. Nuestros comerciales están en contacto directo con ellos y nos transmiten continuamente sus necesidades y peticiones. Escuchar mucho al cliente es clave para nosotros.
Dentro de las marcas del grupo, ¿qué tipo de acompañamiento se le ofrece al profesional?
Apostamos firmemente por desarrollar productos de calidad, sostenibles y eficaces. Queremos que sean productos que realmente funcionen y aporten valor, no simples “bombas de humo” que responden solo a modas.
Además, damos muchísima importancia a la formación. El cliente lo valora enormemente y dedica mucho tiempo a ello. De hecho, muchos profesionales aprovechan el lunes, que suele ser su día libre, para seguir formándose. Después de jornadas de trabajo muy intensas, ver cómo asisten a los cursos con tantas ganas y agradecimiento es muy gratificante.
Ofrecemos formación tanto a nivel de producto como de técnicas profesionales por todo el mundo.
Hablemos de la Fundación Víctor Martínez Vicario. ¿Cómo nace y qué necesidad impulsa su creación?
La fundación nace en 2008. Mi marido me comentó entonces que las cosas nos estaban yendo muy bien y que, como agradecimiento, debíamos devolver a la sociedad parte de todo lo que estábamos recibiendo. Desde entonces, destinamos un 1,5 % de la facturación a la Fundación.
Comenzamos ayudando a personas en situación de dificultad, especialmente a nivel internacional, en países como México, donde detectamos mayores necesidades. Más adelante, también empezamos a apoyar al propio sector.
Hemos becado a muchas personas que no tenían medios económicos, pero sí vocación y ganas de dedicarse a la peluquería. Algunos de ellos, incluso, hoy en día tienen su propio salón.
¿Qué acciones de la Fundación han tenido un mayor impacto en el sector?
Hemos editado cuatro libros formativos pensados para que fueran muy visuales y de fácil lectura. Queríamos que fueran contenidos accesibles y fáciles de entender, casi de “digestión rápida”. Estos libros se han distribuido en numerosos centros de enseñanza y han tenido una acogida muy positiva.
¿Cómo imagina la evolución de las marcas del grupo y de la Fundación en los próximos años?
No nos ponemos límites. Cada año lanzamos muchas novedades y nuevas referencias. Todo lo que podamos seguir creciendo y facturando irá destinado también a ampliar la labor de la Fundación, a continuar ayudando a más personas y, sobre todo, a dar soporte

Sra. Ana Ribes vicepresidenta de VMV Cosmetic Group y presidenta de la Fundación Víctor Martínez Vicario