Con la llegada de la primavera no solo renovamos el armario… también la piel entra en un proceso de cambio que no siempre es amable. Brotes inesperados, manchas o sensibilidad son más comunes de lo que parece. No es casualidad: es tu piel adaptándose.lka
Germaine Goya nos explica el por qué y como ayudar a nuestras clientas.
Más sol, pero sin preparación
Después del invierno, la piel no está lista para recibir un aumento brusco de radiación solar. Esto puede provocar manchas, envejecimiento prematuro y daño celular.
Solución: tratamientos antioxidantes y protección solar adecuada desde el primer momento.
Desequilibrio en la producción de grasa
El cambio de temperatura activa las glándulas sebáceas, generando brillos, poros más visibles o incluso brotes.
Solución: limpiezas profundas y tratamientos equilibrantes adaptados a tu tipo de piel.
Barrera cutánea más débil
Los cambios de clima afectan la hidratación natural de la piel, dejándola más seca, tirante o reactiva.
Solución: rituales de hidratación intensiva que restauran y fortalecen la piel.
Más alergias, más sensibilidad
El polen y los agentes ambientales no solo afectan a la respiración, también pueden provocar rojeces, picor o inflamación en la piel.
Solución: tratamientos calmantes y productos específicos para pieles sensibles.
Cambios de rutina demasiado rápidos
Abandonar los cuidados del invierno o descuidar la protección solar puede dejar la piel desprotegida justo cuando más lo necesita.
Solución: diagnóstico personalizado y adaptación progresiva de tu rutina facial.