Implantes más pequeños, grasa de la propia paciente y técnicas que priorizan la forma frente al volumen permiten abordar la cirugía mamaria desde una perspectiva cada vez más personalizada
Durante décadas, hablar de aumento de pecho ha estado estrechamente ligado a los implantes y al aumento de volumen. Sin embargo, la evolución de las técnicas de cirugía mamaria y el cambio en las preferencias de muchas pacientes han situado la naturalidad, la proporción y la armonía corporal entre los objetivos de este tipo de intervenciones.
¿Es posible someterse a una cirugía mamaria y conseguir que el resultado no resulte evidente? ¿Es necesario recurrir siempre a una prótesis para recuperar volumen? ¿Y qué ocurre cuando el objetivo de una paciente no es aumentar el pecho, sino recuperar su forma después de un embarazo, una pérdida de peso o el paso del tiempo?
Para el Dr. Marco Romeo, cirujano plástico, la evolución de las técnicas permite plantear la cirugía mamaria desde un punto de partida diferente: no centrarse únicamente en cuánto aumentar, sino valorar qué necesita cada pecho y qué solución puede ofrecer un resultado proporcionado con el conjunto del cuerpo.
Más volumen no siempre significa un mejor resultado
El embarazo, la lactancia, las pérdidas importantes de peso y el propio paso de los años pueden modificar la posición y la forma del pecho. Puede aparecer flacidez, pérdida de volumen, cambios en la posición del pezón o variaciones en el tamaño y la forma de la mama.
Por eso, dos mujeres que llegan a consulta con el mismo objetivo de “recuperar su pecho” pueden necesitar planteamientos completamente diferentes.
En algunos casos puede ser necesario elevar y remodelar el tejido mamario mediante una mastopexia. Si, además, la paciente desea recuperar volumen o conseguir un escote más lleno, la elevación puede combinarse con un implante en una misma intervención.
La elección de una técnica u otra depende de factores como la anatomía de la paciente, la calidad y elasticidad de los tejidos, la cantidad de tejido mamario disponible, los cambios producidos por embarazos o pérdidas de peso y, especialmente, las expectativas respecto al resultado.
La clave está en entender que aumentar y elevar no son necesariamente lo mismo. Un implante aporta volumen, mientras que la mastopexia permite actuar sobre la posición y remodelar el pecho.
Implantes más pequeños y grasa propia: otra forma de plantear el aumento
Una de las opciones que permiten buscar un resultado más natural es el denominado aumento mamario híbrido, que combina implantes con grasa de la propia paciente.
En lugar de recurrir exclusivamente a una prótesis de mayor tamaño, esta técnica utiliza implantes más pequeños y añade grasa en determinadas zonas del pecho para suavizar el contorno y conseguir una transición más progresiva.
La grasa se obtiene previamente mediante liposucción de zonas como el abdomen, los flancos o las cartucheras. Después de procesarla, se utiliza para mejorar el contorno y la simetría mamaria.
Según explica Romeo en sus contenidos divulgativos, esta combinación permite que el implante quede más integrado en los tejidos y busca conseguir un resultado natural tanto a la vista como al tacto.
Además, el uso de implantes de menor tamaño puede reducir el grado de estiramiento al que se someten los tejidos, aunque la indicación y el resultado dependen de las características de cada paciente.
¿Y si no quiero llevar implantes?
La cirugía mamaria también permite aumentar el volumen en determinados casos utilizando únicamente grasa de la propia paciente, mediante una técnica conocida como lipofilling o transferencia de grasa.
La grasa se extrae de otras zonas corporales, se procesa y posteriormente se infiltra de forma estratégica en el pecho. Esta alternativa permite aportar volumen sin recurrir a una prótesis y puede utilizarse también para mejorar determinadas irregularidades o asimetrías.
No obstante, no todas las pacientes son candidatas a esta técnica ni permite conseguir el mismo aumento de volumen que un implante. La indicación depende de la cantidad de grasa disponible, de las características de la mama y del resultado que se pretenda alcanzar.
La transferencia de grasa tiene además un papel relevante en determinados procedimientos de reconstrucción mamaria.
Después del embarazo, recuperar no siempre significa aumentar
Otro de los cambios en la manera de abordar la cirugía mamaria se observa en mujeres que consultan después de embarazos, lactancia o variaciones importantes de peso.
Un pecho puede haber perdido volumen, pero también puede haber descendido o presentar un exceso de piel. Por eso, colocar únicamente una prótesis no necesariamente responde a todos los cambios que se han producido.
En estas pacientes puede plantearse una elevación, un aumento o la combinación de ambos procedimientos, dependiendo de las características del pecho y del resultado que se busque.
La mastopexia con prótesis permite precisamente elevar y remodelar el tejido mamario y aportar volumen durante el mismo procedimiento cuando existe indicación para combinar ambas técnicas.
El objetivo no es únicamente aumentar el tamaño, sino conseguir que el volumen, la posición y la forma del pecho guarden una relación equilibrada con el resto del cuerpo.
La grasa propia también ha cambiado la reconstrucción mamaria
Esta búsqueda de una apariencia y una consistencia naturales no se limita a la cirugía estética.
La grasa y los tejidos de la propia paciente también tienen un papel importante en la reconstrucción mamaria después del cáncer de mama.
Romeo diferencia entre la reconstrucción heteróloga, realizada mediante expansores e implantes, y la reconstrucción autóloga, en la que se utilizan tejidos de la propia paciente.
Entre estas últimas se encuentran técnicas que emplean tejido procedente de la espalda junto con relleno graso o el colgajo DIEP, que utiliza piel y grasa del abdomen para reconstruir la mama mediante técnicas microquirúrgicas.
En estos casos, el objetivo trasciende el concepto de aumento mamario. Se trata de reconstruir una mama después de una mastectomía utilizando, cuando está indicado, los propios tejidos de la mujer.
Un pecho operado que no parezca operado
La evolución de las técnicas permite alejarse de una única concepción de la cirugía mamaria basada en colocar una prótesis.
Elevar, remodelar, combinar un implante de menor tamaño con grasa propia o, en determinados casos, utilizar únicamente tejido graso son alternativas que permiten adaptar el procedimiento a las características de cada paciente.
La tendencia hacia resultados más naturales no significa necesariamente utilizar menos volumen, sino seleccionar la técnica y el grado de corrección adecuados para cada caso.
Para el Dr. Marco Romeo, el cambio está precisamente en plantear la cirugía desde una perspectiva individualizada: valorar la forma, la posición, los tejidos y las proporciones corporales antes de decidir cómo intervenir.
Así, la pregunta ya no sería únicamente cuánto aumentar el pecho, sino qué necesita cada paciente para conseguir un resultado armónico, proporcionado y acorde con su anatomía.

Dr. Marco Romero