Las imágenes recientes de deportistas de élite con cicatrices visibles han vuelto a poner sobre la mesa una realidad que los profesionales de la medicina estética conocen bien: la recuperación funcional de una lesión o una cirugía suele completarse mucho antes que la recuperación estética de la piel.
Casos como el del piloto Marc Márquez o el futbolista Federico Valverde han contribuido a normalizar la presencia de cicatrices en el deporte de alto nivel. Sin embargo, más allá de su impacto visual, estas situaciones reflejan un aspecto clave de la práctica clínica: la necesidad de acompañar al paciente durante la fase de maduración de la cicatriz para favorecer el mejor resultado estético posible.
El doctor Juan Carlos Hijano Mir, cirujano plástico facial, explica que la cicatrización es un proceso biológico dinámico que puede prolongarse entre 12 y 18 meses, incluso cuando la herida está completamente cerrada y el paciente ha recuperado su actividad habitual.
"La recuperación funcional y la recuperación estética no siguen el mismo ritmo. Un paciente puede haber recibido el alta desde el punto de vista quirúrgico o deportivo y, sin embargo, la cicatriz continuar en plena fase de remodelación", señala.
Durante este periodo se producen cambios continuos en la organización de las fibras de colágeno, la vascularización y la pigmentación del tejido, factores que determinan el aspecto final de la cicatriz. Según el especialista, comprender estos tiempos biológicos resulta esencial para establecer expectativas realistas y planificar un abordaje estético individualizado.
El momento de intervenir también influye en el resultado
Para los profesionales de la medicina estética, identificar la fase evolutiva de la cicatriz es uno de los factores más importantes antes de indicar cualquier tratamiento.
"No todas las cicatrices requieren la misma estrategia ni pueden tratarse en el mismo momento. La valoración clínica debe tener en cuenta el tiempo de evolución, la localización, el tipo de piel, la tensión de la zona y la respuesta individual del paciente", explica Hijano Mir.
El especialista recuerda que un seguimiento precoz permite detectar alteraciones en la evolución normal de la cicatriz y plantear medidas destinadas a optimizar su remodelación, especialmente en pacientes con factores de riesgo para desarrollar cicatrices hipertróficas, discromías o resultados estéticos desfavorables.
El verano exige reforzar el seguimiento
La época estival representa un periodo especialmente sensible para las cicatrices en fase de maduración. La radiación ultravioleta puede favorecer alteraciones de la pigmentación y prolongar el eritema, comprometiendo el resultado estético incluso varios meses después de la intervención.
"Una fotoprotección adecuada debe formar parte del tratamiento de cualquier cicatriz reciente. Muchos pacientes consideran que la herida ya está curada cuando la piel continúa remodelándose y sigue siendo especialmente vulnerable a la exposición solar", advierte el doctor.
Por ello, insiste en que la educación del paciente y el seguimiento durante los primeros meses constituyen herramientas fundamentales para minimizar complicaciones y mejorar la evolución del tejido cicatricial.
Un reto habitual en la consulta de medicina estética
Aunque los casos de deportistas generan una mayor repercusión mediática, la preocupación por la evolución de las cicatrices es una de las consultas más habituales tras una cirugía o un traumatismo.
Según el doctor Hijano Mir, la demanda ya no se centra únicamente en cerrar correctamente la herida, sino en conseguir la mejor calidad posible de la cicatriz mediante un abordaje personalizado y un seguimiento continuado durante todo el proceso de maduración.
"Cada cicatriz evoluciona de forma diferente. La genética, el fototipo, la localización anatómica, los hábitos del paciente y los cuidados posteriores condicionan el resultado final. Entender estos factores permite intervenir de manera más precisa y ofrecer expectativas realistas", concluye.

Doctor Juan Carlos Hijano