El surco nasogeniano profundo es una de las manifestaciones más complejas del envejecimiento facial, ya que no responde únicamente a una arruga estática, sino a un proceso multifactorial que incluye pérdida de volumen, flacidez y reabsorción ósea. La disminución progresiva de colágeno y elastina provoca un descenso de los tejidos y una mayor marcación del pliegue. Para el esteticista profesional, comprender esta fisiopatología es clave para un abordaje eficaz.
En cabina, el tratamiento aislado superficial (cosmética o aparatología) tiene un impacto limitado en surcos profundos. Sin embargo, puede desempeñar un papel complementario mediante técnicas que mejoren la calidad dérmica, como radiofrecuencia, microneedling o cosmecéuticos estimuladores de colágeno. Estas estrategias ayudan a mejorar la densidad cutánea, pero no corrigen por sí solas la pérdida estructural.
El estándar actual en medicina estética es el uso de rellenos con ácido hialurónico reticulado, que permiten restaurar volumen y suavizar el pliegue con resultados inmediatos y una duración aproximada de 12 a 15 meses. No obstante, la tendencia actual se aleja del relleno directo del surco. En su lugar, se prioriza el enfoque global del rostro, tratando puntos de soporte como pómulos o región malar para redistribuir tensiones y lograr resultados más naturales.
Para el esteticista, es fundamental trabajar en sinergia con medicina estética: preparar la piel antes del tratamiento, mejorando hidratación y función barrera, y mantener los resultados posteriormente. Asimismo, la selección del paciente es clave: surcos muy marcados con flacidez severa pueden requerir combinaciones terapéuticas o incluso abordaje quirúrgico.
En conclusión, el tratamiento eficaz del surco nasogeniano profundo exige un enfoque integral: diagnóstico estructural, combinación de técnicas y coordinación interdisciplinar, priorizando siempre resultados naturales y progresivos.